El general Antonio Imbert Barrera, fallecido en 2016, nunca titubeó al hablar sobre su participación en la conspiración que llevó al ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961. En una de sus últimas entrevistas, concedida al periodista Huchi Lora, recordó las motivaciones detrás de la histórica acción, destacando que la descomposición del país y el asesinato de las Hermanas Mirabal fueron factores determinantes en la decisión de acabar con el régimen.
“Eso fue el colmo, eso fue lo que acabó con ellos”, afirmó el considerado héroe nacional, quien formó parte del grupo de hombres que dispararon contra el vehículo de Trujillo cuando este se dirigía a San Cristóbal. Imbert Barrera también reveló que las armas utilizadas en el atentado no provenían de agentes externos, sino que eran propiedad de los conspiradores. Según detalló, Amado García Guerrero tenía un fusil M1, él mismo poseía una pistola .45 proporcionada por Antonio de la Maza, quien a su vez portaba una pistola y la escopeta con la que hirió gravemente a Trujillo. Salvador Estrella Sadhalá llevaba su revólver personal.
Recientes documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos han confirmado que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estuvo al tanto de la conspiración e incluso proporcionó armas a los ajusticiadores. Sin embargo, informes de altos funcionarios estadounidenses de la época sostienen que el armamento suministrado por la CIA probablemente no fue utilizado en el ataque. Mientras J.C. King y J.D. Esterline afirmaron que la agencia solo se limitó a monitorear la trama, Richard Bissell, director adjunto de Planes de la CIA en la región, aseguró que al menos una de las armas entregadas sí fue usada.
Para Imbert Barrera, la única opción viable para poner fin a la dictadura era eliminar físicamente a Trujillo. “La única manera era matarlo, matarlo ahí cuando él iba en la avenida”, declaró en la entrevista. La ejecución del plan estuvo a cargo de un grupo de valientes dominicanos, entre ellos Salvador Estrella Sadhalá, Antonio de la Maza, Huáscar Tejeda, Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza, Pedro Livio Cedeño y el propio Imbert Barrera, quienes lograron abatir al tirano y marcar el inicio del fin de una de las dictaduras más férreas de América Latina.










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